5 Aug 2011

Sincronicidad

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Carl Gustav Jung le dio el nombre de sincronicidad a un fenómeno que ya llevaba siendo estudiado desde tiempos inmemoriables. Se trata, en resumen, de buscar una explicación de sentido a las casualidades que se dan a menudo en la vida de las personas desafiando las leyes de la probabilidad y que parecen manifestarse por algún motivo específico.

Supongo que muchos de vosotros habéis experimentado en diversas ocasiones a lo largo de vuestra existencia esos momentos en los que os ocurre algo o tenéis algún pensamiento y al cabo de cierto tiempo y de forma aparentemente inconexa desde el punto de vista causal ocurre otro acontecimiento que, por su significado, parece perfectamente ligado al primero, a veces incluso parece una respuesta al acontecimiento inicial. Ese sería el tipo de sincronicidad más simple, en un estado más avanzado son una cadena de tres, cuatro o más acontecimientos enlazados lo que conforman una cadena de sincronicidad.

Hay sincronicidades de ciclo más rápido, como aquellas que representan a acontecimientos relacionados por el sentido que se dan apenas en el espacio de unas horas o unos minutos y otros de ciclo más largo cómo aquellos que representan hechos recurrentes e inconexos casualmente que se van dando esporádicamente a lo largo de nuestra vida.

Parte de la explicación a este fenómeno se basa en la atención focalizada, aquello de que “para un martillo todo son clavos”. Nuestro cerebro filtra constantemente la ingente cantidad de información que recibimos por incontables canales tanto internos como externos y nos muestra una escueta selección basada en nuestras creencias e intereses del momento. Es por eso que, cuando vivimos de cerca un embarazo, empezamos a ver embarazadas por todas partes o cuando tenemos un brazo en cabestrillo empezamos a reparar en muchísimos individuos en la misma situación cuando antes apenas veíamos alguno. De la misma manera cuando, por cualquier razón, estamos especialmente sensibles hacia algún tema es relativamente normal que empecemos a identificar constantemente mensajes relacionados con ese tema.

No obstante esto solamente sirve para explicar parte del fenómeno, en otras ocasiones el nivel de improbabilidad casual es tan alto que simplemente no es razonable achacar únicamente a la atención focalizada el origen de la casualidad. En otras ocasiones la casualidad no está directamente relacionada con ninguno de nuestros intereses del momento, al menos de forma consciente, a pesar de su evidente y clara correspondencia.

Aunque como digo, este fenómeno ha sido investigado, de forma directa o indirecta, durante miles de años por numerosos maestros yo tengo mi propia opinión al respecto basada en parte en la lectura de muchos de esos maestros.

Mi hipótesis es que absolutamente todo lo que nos rodea y absolutamente todo lo que nos acontece está ahí por un motivo. Todo el mundo sensible y suprasensible está preñado de mensajes, hasta el más pequeño nervio de la más diminuta hoja contiene un mensaje esperando a que seamos capaces de descifrarlo. Las sincronicidades más evidentes son mensajes con una carga de significación tan alta que no es imposible obviarlos pero a distinto nivel el total de los que nos ocurre y lo que nos rodea guarda un mensaje. La naturaleza y la existencia entera nos está hablando constantemente.

Por supuesto esto es sólo una hipótesis, bastante endeble por cierto. Pero en numerosos procesos de crecimiento personal se puede comprobar como los practicantes ven aumentar de forma significativa las sincronicidades en su vida conforme van adquiriendo, con la práctica espiritual, más consciencia de sí mismos y del mundo que les rodea. Parece como si una mayor sensibilidad hacia el mundo suprasensible se tradujera en una mayor transparencia en los mensajes que nos lanza el universo.

Sin embargo, si decidimos tomar en consideración el tema de la sincronicidad y empezar a entrenarnos en la interpretación de los mensajes que se deprenden de ella, hemos de estar muy antentos y con el espíritu crítico alerta para no caer en pareidolias e interpretaciones erróneas más basadas en nuestros deseos y prejuicios más que en una lectura correcta del mensaje que se desprende de la casualidad. Por lo general es mejor renunciar a la interpretación inmediata de una casualidad. En su lugar es mejor observarla con distancia pero dejándola latente esperando el momento en el que el sentido de la casualidad surja por si mismo.