13 Feb 2012

Los diapasones del ánimo

Diapason

El otro día sin saber muy bien porqué, vino a mi mente la imagen del diapasón. Ya sabéis, ese aparato que se utiliza para afinar instrumentos musicales. Una de las características que me llaman la atención de este objeto es que  si lo hacemos vibrar golpeando ligeramente sus ramas, inmediatamente cualquier diapasón que esté en las inmediaciones y que tenga el mismo armónico empezará a vibrar también. El armónico es un nivel de frecuencia dentro del sonido y de otros sistemas dinámicos. La mayoría de diapasones vibran a una frecuencia de 440 Hz aunque los hay que están afinados a otras frecuencias dependiendo de su forma y material. El caso es que si colocamos un conjunto de diapasones de igual frecuencia en una habitación silenciosa y hacemos vibrar uno de ellos, al poco tiempo todos los diapasones de la sala estarán vibrando bajo ese mismo armónico como por arte de magia.

Pues bien, salvando las distancias, me atrevería a hacer un símil con el comportamiento humano. Me gustaría establecer la hipótesis de que el estado de ánimo de una persona se propaga por el aire al igual que el sonido, y del mismo modo que el sonido, un estado de ánimo se transmite de una persona a otra siempre y cuando estén en el mismo “armónico” emocional.


 

¿Nos os ha ocurrido nunca que en una fiesta, una reunión familiar o un encuentro entre amigos que estaba discurriendo sin mayor problema de repente entra una persona cargada de “malas vibraciones” que con sus gestos, palabras y acciones acaba contagiando el mal humor y la irritabilidad al resto de asistentes?. Todos acaban irritados y sacando lo peor de sí mismos y en ocasiones se llega incluso a arruinar el evento. O al contrario; en medio de un ambiente anodino y tristón aparece una persona jovial y animada que acaba contagiando su entusiasmo a todos los que están a su alrededor y acaba arreglándonos el día.

 

A veces esta propagación del estado de ánimo es explosiva y muy rápida, en otros casos es lenta pero persistente. Esto lo podemos ver en clases de alumnos, grupos de trabajo en empresas o equipos deportivos, donde uno o varios individuos empiezan a “vibrar” en un armónico determinado y, para bien o para mal, el resto del grupo acaba comportarse de manera similar al cabo de un periodo determinado que puede variar de unas a semanas a años.

 

Al igual que los diapasones, una persona únicamente reverbera la señal de otra si se encuentra en el mismo (o parecido) armónico emocional. Por eso es muy difícil que una persona muy deprimida altere rápidamente su comportamiento únicamente por el hecho de hallarse ante una persona alegre y positivista. De igual modo una persona serena y madura espiritualmente rara vez se verá perturbado de buenas a primeras por el comportamiento plomizo de un amargado.

 

No obstante, a diferencia de los diapasones, las personas no vibramos a una única secuencia, sino que podemos variar de armónico constantemente. Por eso, dependiendo de nuestro estado emocional, habrá momentos en los que un comportamiento nos afecte con más virulencia y otros en los que apenas haga mella en nosotros. Esta característica puede aprovecharse a nuestro favor entrenando nuestra receptividad que se traduce en una actitud adecuada a cada modo de vibración. De esta manera podemos trabajar nuestro estado interior para que vibre de modo muy distinto a las actitudes negativas, cuando estas se presenten a través de las personas, para minimizar su impacto sobre nosotros y mostrarnos abiertos y receptivos para vibrar en la misma frecuencia de alguien que venga cargado de ilusión y buenos sentimientos.

 

Por desgracia, esta “afinanción” emocional se realiza de forma inconsciente la más de las veces. Según mi teoría, cada día se emiten millones de vibraciones emocionales por todas las personas que habitan el planeta. Tu estado de ánimo vendrá determinado en gran medida por el ambiente “vibratorio-emocional” que haya en el entorno en que te encuentres. Dicho ambiente será el resultado de la interacción de los innumerables armónicos que hay en el ambiente, desde los producidos por los comportamientos más cercanos e individuales hasta los comportamientos más lejanos y globales. Toda esta cantidad ingente de vibraciones se combinan en una única sinfonía emocional mundial.

 

Desde este punto de vista, todos nosotros estamos contribuyendo al estado emocional del mundo con nuestra propia vibración. Da igual que te encierres en un lavabo a “sentir” de forma aislada, irremediablemente tus ondas emocionales pasan al ambiente y más tarde o más temprano se harán sentir en el estado emocional universal. Puedes que te consideres a ti mismo insignificante y tu aportación al bien/mal-estar de la sociedad despreciable, pero recuerda que un solo diapasón puede llegar a hacer que vibren por simpatía todos los diapasones de una misma habitación.