Blog para mutantes piscogénicos
Hoy quiero compartir con vosotros una ilustración que realicé algún tiempo con Illustrator. Se trata de un gentil, unos de los gigantes que habitaban hace años las montañas de Euskadi según la mitología vasca y que son los responsables de la presencia de enormes rocas en medio de colinas y peñascos que ellos colocaban allí. Según la leyenda los gentiles desaparecieron para siempre escondiéndose en el interior de las montañas cuando les llegó la noticia del nacimiento del Mesías.
El proceso de dibujo de la ilustración fue crear un boceto a lápiz que después repasé a tinta y finalmente escaneé. La imagen escaneada fue trazada directamente en Illustrator con la herramienta de calco automático y coloreada con la herramienta de pintura interactiva. Finalmente se añadió una nueva capa donde se añadieron las sombras y detalles de volumen con la herramienta de malla de degradado.
Hace un tiempo leí este artículo, realmente interesante, que consiste en un compendio de motivos para utilizar Fireworks en lugar de Photoshop para diseño web. Ahora ha salido una versión en castellano de este mismo artículo, aquí tenéis en enlace por si os interesa el tema y aún no habéis tenido la oportunidad de leérlo.
Con esta famosísima cita de la obra de Antoine de Saint Exupery, el Principito, me gustaría reflexionar acerca de un tema que siempre es apasionante; La existencia. Siempre me ha fascinado jugar con el concepto de la existencia y todo lo que ello implica en nuestra vidas y nuestra forma de entender el mundo. En nuestra cultura parece que la existencia sea una condición imprescindible para gozar de un mínimo status en la realidad, tendemos a despreciar lo que no existe (o creémos no existe) cómo si no fuera merecedor de nuestra atención. No obstante pocas veces nos paramos a pensar que muchas de las cosas más importantes de nuestra vida son cosas que precisamente no existen, empezando por nosotros mismos. Me explico, si por existencia entendemos todo aquello que tiene una presencia física en nuestro mundo físico, es decir todo aquello que se puede medir, pesar, detectar o percibir de alguna manera tangible, es evidente que nuestros cuerpos biológicos existen. Estos cuerpos están formados por tejidos, sustancias y materia cuya existencia en el mundo físico es fácil de demostrar, ahora bien ese conjunto de visceras y organos solamente es una parte de nosotros, lo que de verdad define nuestra identidad y nos hace reconocernos cómo quien realmente somos es la consciencia. Pero la consciencia no existe cómo una entidad en sí, no se puede pesar ni medir, no ocupa un lugar concreto (su ubicación en el cerebro es, a día de hoy, cuanto menos ambigua), no se puede aislar en un recipiente ni se puede fotografiar, ni puede decirse que esté compuesta de unas moléculas específicas. La consciencia es más bien una propiedad emergente que surge de la interacción de nuestro cuerpo y mente con la llamada realidad exterior. Por propiedad emergente definimos a aquellos fenómenos que no tienen una existencia propia independiente sino que surgen cómo resultado de un proceso o interacción entre varios agentes que sí tienen una existencia física. Aparte de la consciencia, dentro de esta categoría entrarían también fenómenos como el arco iris (que no existe como tal, sino que es un propiedad emergente de la interacción de la luz solar y las gotas de agua), los espejismos, el eco, las auroras boreales y tanta otros elementos que son muy patentes a pesar de su "no existencia". Pero volviendo al hilo central, otros de los elementos importantes en nuestras vidas que no existen serían por ejemplo el futuro, nuestros miedos o nuestros anhelos. Estos últimos nos pueden parecer muy reales pero lo cierto es que no existen en ninguna parte salvo en nuestra consciencia que tampoco existe cómo un elemento externo y autónomo, cuando llegue la muerte no quedará ni rastro de ellos. ¿Os habéis preguntado cuantas veces al cabo del día pensamos en el futuro?: "Seguro que se presenta el lunes sin avisar", "¿Conservaré mi trabajo el año que viene?", "¿Que será de mis hijos?", "Mañana iré al gimnasio", "¿Qué me pongo esta noche?", pero en sentido estricto el futuro no existe cómo tampoco existe el pasado, el primero es una mera ilusión y el segundo un recuerdo sin más rastro que los documentos que se hayan dejado, solamente el aquí y ahora tienen una existencia auténtica. ¿Seguimos?, pues otro ejemplo sería el dinero. ...Sí vale, de acuerdo, los billetes y las monedas tienen una existencia bien tangible pero no así el valor que representan. Hoy más que nunca es evidente que la realidad económica es un mundo aparte donde unos números van y vienen de unas cuantas bancarias a otras (cuentas que por cierto tampoco tienen una existencia física). La mayoría de transacciones que se realizan hoy en día no son más que un cambio de dígitos en algunos ordenadores que cambian un valor que, como algo independiente sencillamente no existen, su existencia no es más que la propiedad emergente de un sinfín de complejas interacciones en el mundo real y financiero. Más ejemplos serían la música y la literatura. Existen las partituras y los ejemplares impresos pero ¿la pieza musical o la novela como tal?. Si se perdiera el último ejemplar impreso del Quijote pero aún se conservara un archivo PDF con su contenido en un rincón perdido de un disco compacto en un almacén olvidado, ¿seguiría existiendo o no?, ¿y si se conservaran todos los ejemplares pero no quedara ningún lector en la Tierra para leérlo, entonces existiría?. Y ya no hablemos del mundo de las redes informáticas y telemáticas (la famosa "nube") donde las fronteras entre lo que existe y no existe son todavía mucho más difusas y sutiles. Con todo esto no pretendo negar el concepto de existencia pero si llamar la atención acerca de que el hecho de que una cosa efectivamente exista o no, no debería ser un criterio de peso para considerar la importancia de ese algo. Deberíamos tenerlo presente antes de minusvalorar la curiosidad de los niños ante las hadas o sus miedos ante los monstruos, o la fe de muchos adultos ante espíritus o divinidades de toda índole. Por último me gustaría apuntar una última idea que será, con toda probabilidad, el inicio de un nuevo artículo. Muchas de esas cosas que no existen (empezando por nosotros mismos), son precisamente las más esenciales, como apuntaba la cita del principito, son las más importantes y gozosas a las que podemos aspirar en nuestra existencia aunque pertenezcan a un universo invisible. Y la mayoría de ellas nunca llegamos a descubrirlas a pesar de estar a siempre a nuestro alcance. Enfín, seguiremso hablando de ello.
Día de reyes. Como cada año empieza el día cargado de ilusiones y abriendo regalos. Mi pequeña Helena acude rauda y veloz hacia la sala donde les esperan sus juguetes. Los ojos encendidos de emoción, la sonrisa de oreja a oreja. Abre los paquetes con nerviosismo pero con mimo a la vez, sin apenas rasgar el papel. Regalo tras regalo sus ojos se van iluminando y su sonrisa se hace más y más amplia. Estalla de alegría soltando carcajadas y aplaudiendo con sus manitas cada dos por tres mientras descubre, uno a uno, los encargos que les había hecho a sus majestades de oriente. Yo, lógicamente, no quepo en mi gozo a ver el suyo, pero de pronto pasa algo inesperado…
Poco después de abrir el último regalo, y aún pletórica de alegría, el gesto de Helena cambia. De repente, como si hubiera caído en la cuenta de algo, se dirige a la ventana para mirar a través de ella y su expresión pasa de la euforia a la melancolía. Estoy preocupado. Me acerco a ella y le pregunto
-¿Qué pasa Helena?, ¿No te han traído los reyes todo lo que deseabas?- y ella responde
–Sí, todo menos lo que más quería…le pedí a los Reyes Magos que nevara y…mira… no nieva-.
En seguida comprendo la situación y ante mi impotencia intento racionalizar el asunto;
-pero Helena, eso no puede ser…, si tu pides que nieve y otro niño pide que no nieve, los Reyes no pueden contentar a todos-
Mi respuesta no la convence, niega con la cabeza y me dice
–Pero si yo se lo pedí en persona a los pajes y me dijeron que sí!!-
-A lo mejor no te entendieron bien- le respondo mientras pienso que el pajezuelo de turno podría haber sido un poco más ambiguo y diplomático en su afirmación. Helena se encoge de hombros y me deja por imposible.
A lo largo del día vienen a casa abuelos, primos, tíos y por un momento tengo la sensación de que Helena ha olvidado el tema al verla reir con la familia y jugar con sus juguetes. Pero a media tarde vuelve a asomarse a la ventana con su cara melancólica y sus ojillos vivarachos empapados en lágrimas. No entiende como los Reyes Magos han podido fallarle en eso. Después de hacer cosas mucho más difíciles como repartir miles de juguetes a niños de todo el mundo en una sola noche o conseguirle aquella muñeca que había escuchado estaba agotadísima en todas partes, después de realizar todas esas proezas, algo tan sencillo e insignificante para ellos como hacer nevar, algo tan nimio como eso…no se lo conceden . Yo la observo con tristeza desde el fondo de la sala mientras intento recordar cuantos años hace que no nieva en la ciudad, probablemente más de los que ella tiene. Y entonces, de repente…empieza a nevar!. Aquella tarde del 6 de Enero de 2008 empiezan a caer en la provincia de Barcelona copos como puños. -Está nevando!!- dice Erikca, -sí, está nevando!!- asiente Ignacio, y Helena al ver los copos detrás de la ventana, estalla de júbilo. Su gesto se transforma en una fracción de segundo y se ilumina como un amanecer mediterráneo. –Lo sabía!!!- exclama y empieza a dar gritos de de felicidad saltando y brincando por toda la casa.
-Está nevando!, está nevando!, gracias Reyes Magos!!.
Yo no salgo de mi asombro, si me miro ahora a un espejo seguro que tengo una cara de pasmao impresionante. Me acerco incrédulo a la ventana mientras la nieve empieza a cuajar encima de los techos de los automóviles. Apenas me doy cuenta cuando Helena se me acerca y me dice -¿Ves?, ya te lo había dicho…se lo pedí y me dijeron que sí..¿cómo podías dudarlo?- y me mira tiernamente compadecida por mi ignorancia y mi escepticismo respecto a las habilidades de los Reyes de Oriente.
Por supuesto aquella noche, después de que marcharan los últimos parientes, salimos a la calle a tirarnos bolas de nieve.
Al cabo de dos días, al volver al cole, Helena y su amiga Naomi está hablando de los Reyes mientras se les acerca uno de los niños mayores que, al oir la conversación, espeta altanero –Pero si los Reyes Magos no existen!!- . Ante la inocencia del grandullón, Helena y Naomi se miran y sonríen cómplices.
Realmente tengo que reconocer que he gozado un rato visitando la web de este genial ilustrador.
Se trata de Jonatan Cantero. Tiene un estilo y una imaginación muy peculiar y me encanta el universo que crea con su bestiario de criaturas amen de su facilidad para cambiar de registro. Se nota que disfruta dibujando y me ilusiona sobremanera que se atreva a decirlo explícitamente dentro de las páginas de su blog. Una visita más que recomendable.
Es muy común escuchar que el ego es el culpable de muchos de nuestros sufrimientos, y de hecho en numerosas ocasiones así es. Lo que ocurre es que dicha afirmación tiende a hacernos pensar que el ego es algo malo, cuando en realidad de lo que se trata es de considerar su cualidad de falso más que su cualidad de malo o bueno. Es falso en el sentido de que el ego no somos nosotros, no existe como un “algo” objetivo e independiente, es una ilusión creada por la mente que nos permite asumir una identidad y facilita la autoconsciencia.
Pretender vivir sin ego es como pretender vivir sin piel o sin bazo. Sencillamente no es posible, necesitamos el ego para vivir. Probablemente el ego se creó en la prehistoria casi al mismo tiempo que la consciencia y fue reforzado luego con el nacimiento de las civilizaciones. El ego nos ha ayudado a sobrevivir durante miles de años y su desarrollo desigual ha dado forma a las distintas culturas que conforman la sociedad humana.